jueves, 5 de agosto de 2010

La Nueva Vida de Melody. Capítulo 3º.


-¿Estarás bien tú sola en casa? -Vicente estaba parado en la puerta de la casa con su maleta a un lado ;una vez más le daba cierto miedo dejar sola a Melody, sobre todo esta vez que era por una semana






-No soy una niña. Puedo cuidarme sola -Melody se cruzó de brazos. Vicente enarcó una ceja.






-Eso dicen todas -Le acarició la mejilla -Volveré te lo prometo -La besó en los labios y Melody trató de separarse pero se rindió. Al parecer la siguiente semana sería dura para Vicente porque estaría sin Melody, y prácticamente ella lo mantenía alejado en las giras de libros por estúpidas que pidieran firmarle los senos.






-No sé que haré sin ti -Melody susurró y colocó ambas manos en la cara de Vicente.







-Yo tampoco - ¿Podrías seguirme amando mientras me voy? -Vicente la abrazó.








-Siempre... -Melody apoyó su cabeza en el hombro de Vicente.








Luego de la partida de Vicente a su gira por su nuevo libro. Melody no sabía que hacer. Realmente lo iva a extrañar mucho siendo apenas una semana. Pero sabía exactamente como distraerse, buscó una caja que tenía muy escondida en su despacho. Aquella caja contenía sus secretos más íntimos y sobre todo secretos de su vida pasada, Melody tenía esa caja muy bien escondida bajo llave en su despacho, en la única habitación a la que le tenía prohibído a Vicente entrar. Por supuesto, Vicente no sabía nada de esa caja, de esos secretos y menos de Liam.


Vicente creía y por supuesto Melody le había contado muy brevemente lo que había sido su antigua vida, que "Melody había crecido en un pueblo al lado de sus padres y que luego su madre se fue y su padre se quedó solo". Aquel discurso se lo había dado a Vicente cientos de veces ya que él pensaba que Melody le ocultaba algo de ella el cual él no sabía, por supuesto que aquello era verdad. Incluso varias veces en que Melody dejaba solo en casa a Vicente, éste buscaba por todos lados la llavecita que habría su despacho, siempre sin éxito. Usmeaba por todas partes y también trataba de usurpar a la mismísima puerta, pero esta necesitaba más que sólo abrirla con la pequeña llavecita. Por supuesto, Vicente se rindió de saber que había allí dentro.






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Melody se resignó totalmente a seguir pensando en Vicente porque sabía que le haría peor y que no aguantaría estar sin él... Era verdad, Melody no sabía estar sola desde que conoció a Vicente y ahora sólo quería que ya volviera.


Se sentó en un largo sillón de su despacho, y siguió recordando.



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Todo aquello, era impresionante, entontrar el viejo manuscrito de "Mañana en la Noche Dime Que Me Amas"... Todavía recordaba el día en que finalmente Liam le dijo que aquel poema le pertenecia. Melody lloraba en silencio, efectivamente una parte de ella le pertenecía aún, esa parte gritaba y rogaba poder salir del lugar más profundo de su ser. Quería gritarlo, quería gritar su nombre... O sólo verlo una vez más. Pero estaba Vicente, él no era un estorbo en esto. Melody se casó con él porque lo amaba a pesar de todo. Que suerte tuvo, no había hombre más dulce que él, ni Liam le llegaba a los talones, habiendo un día horrible, siendo un día horrible para ambos o sólo para Melody, Vicente nunca dejaba de ser el hombre más dulce y tierno con ella. Melody sinceramente amaba a Vicente, aunque el amor que sentía por Liam, quería seguir floreciendo, aunque sea, en el fondo de su corazón.


Habían más fotos dentro de aquella caja. Había una foto con el pintor, poco antes de que le diagnosticaran cáncer. Melody estaba con esa chispa de juventud en los rasgos de su cara, su viejo flequillo y sus rizos cayéndole por los hombros y por el brazo del pintor que en esa foto la rodeaba. La cara de el pintor estaba en aquella foto muy espectante y cálida, tenían ambos la alegría marcada en la cara, el pintor con sus ojos verdes más brillantes que nunca y Melody con sus mejillas más sonrosadas. Melody lloró más.


Además de sentir todo lo que pasó con Liam, y su madre. Sentía la pérdida del pintor. Tan jóven, incluso dos años menor que Melody. Era increíblemente emocionante decir que el pintor, antes de trasladarse al hospital para ser operado, le pidió a Melody que lo llevara a el lugar más lindo del mundo. Melody lo llevó a un lugar donde los pájaros cantan, donde el sol tiene sus rayos más hermosos, donde el agua es cristalina, donde el viento te eleva, donde puedes correr dezcalso, donde puedes gritar. Melody lo hizo dormir. Y todo eso fue lo que soñó el famoso pintor. Al día siguiente fue llevado al Hospital donde lo llevarían a una larga cirugía. Poco antes de entrar al pabellón, le dijo a Melody:



-Gracias por hacerme feliz en mi último sueño -El pintor, muy joven, estaba cansado, por primera vez Melody vio el esfuerzo y el decaimiento en sus ojos, se veía en el reflejo de ellos, el cómo el pintor sufría ya por poder irse. Melody supo que estaba mal.



-No te morirás, ¿verdad?-Melody secaba sus lágrimas.



-No llores "Mes Boucles", no sabes lo feliz que fui a tu lado, no me queda más que agradecerte por haberme mostrado el mundo de distinta manera. Por eso te llamas Melody -El pintor levantó debilmente su brazo y acarició la mejilla de Melody -Eres melodía para mis oídos.



Melody no puedo hablar sus lágrimas caían y no pudo articular ninguna palabra más y solo vió como se llevaban al pintor para la cirugía y su sonrisa satisfactoria en sus labios.


Fue lo último que vio de él.



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-Ya te extraño -Vicente susurró como un adolescente recién enamorado. Estaba en sobre su cama en el Hotel de París. Por fin se había podido escapar de las reuniones y de la cara desquiciada de su nueva agente; Melody nunca quiso ser agente de Vicente, ya que no soportaba tener que recibir miradas de odio de las fans y menos de mujeres desesperadas. Por ello, Vicente consiguió a otra rubia incluso peor que la anterior.



-¿Ya me extrañas?, acabas de llegar -Melody hablaba por teléfono mientras cocinaba.



-Si lo sé. Pero te extraño desde que salí de la casa. No sabes lo cansado que ya estoy y me quedan 5 días aquí -Vicente se frotó la frente y se dirigió a un ventanal de su lujosa habitación. Sintió el sonido de ollas -¿Qué me estás cocinando?



-A ti nada, me preparo un Omelette. Dime, ¿Cómo es París? -Melody daba vueltas en la cocina.



-Increíble, ahora mismo tengo una excelente vista de la Torre Eiffel. Prometo traerte cuando tengas más tiempo y un lugar en tu apretada agenda como para escaparte conmigo en un fin de semana romántico -Vicente sonrió.



-Me escaparé contigo, te lo prometo. Pero debes sorprenderme en aquella salida. -Melody se mordió el labio inferior.



-Prometo llenarte la cama de pétalos de rosas, hago cualquier cosa si prometes amarme loca y pasionalmente -Vicente susurró



-No sabes cuanto te amo...



-También yo... Pero tú también debes sorprenderme con algo. Por favor que siga siendo lo mismo de siempre, aunque con más clase, algo apropiado de París -Vicente caminó por la habitación.



-¿Cómo aquellas noches? -Melody enarcó una ceja y sonrió pícaramente.



-Si.. -Vicente se sintió solo -Quiero volver... O ven tú aquí y acompáñame, por favor. Sabes que no puedo estar sin ti -Vicente se sentó en su cama.



-Cariño, no puedo. Lo haría si pudiera, tú sabes... Pero me necesitan en el Café no puedo dejarlo a menos que vuelva Marie de sus vacaciones que le di y se encargue ella del Café - Melody hizo una mueca.


-No te preocupes, entiendo... -Vicente bostezó.


-Vete a dormir. ¿Qué hora es allá? -Melody se dirigió con su plato de comida al living y encendió la TV.


- Las dos de la mañana. Estoy agotado, ¿me creerás si te digo que hoy di 10 entrevistas y 4 reuniones?, no sabes cuanto te necesito Melody, sin ti no puedo hacer esto -Vicente suspiró.


-Vicente por favor, sabes que no puedo. No seas inmaduro y trata de seguir por ti mismo. Sólo esta vez, las otras veces yo siempre he estado contigo. Cuando estemos separados tú sabes que debes seguir por tu cuenta -Melody chasqueó la lengua.


-Lo sé... Te amo, me iré a dormir -Vicente volvió a bostezar.


-Te amo también. Buenas noches -Melody le lanzó un beso.


-Otro para ti también -Vicente sonrió.


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El funeral del pintor fue en un día de lluvia, estaba Melody, la prensa y nadie de su familia.











lunes, 2 de agosto de 2010

La Nueva Vida de Melody. Capítulo 2º


Melody... Estaba completamente loca. Creía que devería ir a pedirle perdón. Melody no quería casarse.


Habían pasado casi 10 años desde que no veía a Liam. Habían noches en las que soñaba con él, que Liam corría a abrazarla y le decía todas las noches lo mucho que la amaba. Por supuesto al despertar, Melody sentía que una gran parte de ella se había ido con Liam. Y era hora de reconocerlo.

Melody lo había incluso buscado varias veces, vía online, en Facebook, Twitter, Myspace. En todas partes, pero todos sus intentos eran erróneos, nadie conocía a un tal Liam Boeninger. Estaba completamente borrado del mundo, como si nunca hubiera existido. Melody más de una vez tuvo el intento de averiguar incluso si había muerto y buscado a sus parientes, pero no estaba muerto, ni sus parientes sabían nada de él y no les interesaba. 

Varías veces fue a ver la tumba de Isabel, siempre estaban las mismas flores que el padre de Melody ya viejo seguía lléndole a dejar. Nunca más vio un sólo tulipan blanco sobre aquella tumba, sólo le pareció ver restos de basura sobre esta.

Melody por fin se rindió de encontrarlo.


 Llamó a Vicente una noche, como todos los días. Ambos no se decían nada de casarse, en realidad, al parecer ninguno de los dos lo tomó muy enserio. "Se habrá olvidado" pensaba Melody, pero Vicente, estaba mucho más entusiasmado que ella. Sin embargo, tenía miedo, no sabía si lo había hecho bien, si fue en el momento adecuado, en realidad Melody también pensó aquello. En un tren, no es normal pedir matrimonio, pero eso fue, lo que Melody más le gustó. No fue la típica cena romántica en donde el hombre está tan nervioso, o donde está muy aburrido y al final de tan nervioso y tan aburrido, cuando está la mujer distraída mirando hacia otro lado, él coloca el anillo de compromiso en la copa de Champán.

Melody se sonrió ante esto. Luego le daría las gracias a Vicente por no hacerlo tan adecuado. Pero, Melody quería conocerlo más y quería enamorarse aún más. 




Vicente por otro lado, sabía que algo había hecho mal. Quizás Melody no quería casarse con él, quizás ya no lo quería ver más, quizás Melody estaba con otro hombre y él no sabía, quizás...Ella no lo amaba como él ya a ella. Vicente se estaba trastornando, la rubia espectacularmente alta se enfureció cuando Vicente le dijo que quería parar un tiempo de seguir escribiendo el libro que estaba en proceso; dijo que sería hora ya de pensar en otras cosas más importantes en su vida. La rubia enloqueció, cogió sus cosas y se fue. Vicente exhaló un largo y profundo suspiro. Tendría que buscar a otra agente que incluso cobrara más barato y que no se enamorara de él. Llamó a Melody esa noche, hablaron más de 4 horas, ambos se morían de sueño pero preferían seguir hablando. 


- ¡No puedo creerlo! -dijo Vicente con una gran risa preparándose una taza de café al mismo tiempo que sostenía el celular en su hombro al oído. 


-Hey ! No es mi culpa si no quedaban entradas -Melody reía también. Estaba sobre su sofá, con sus rizos amarrados a una coleta y una bata tapándo su cuerpo.


-Oh Vamos !! yo fui uno de los primeros en comprar una -Vicente se dirigió a su sala de estar, encendió las luces y se iluminó un gran estante con cientos de CD'S, al fondo un gran ventanal que era en total, toda la pared. Te daba una excelente vista de Manhattan, más allá cerca del ventanal se encontraba un sofá gigantesco y un Home Theater pegado a la pared.


-Oye ! Que te pasa!, en ese tiempo estaba recién acostumbrándome a trabajar y ganar más dinero. Aparte tienes que admitir que la entrada más barata, era en realidad muy cara para ser desde esa distancia ! -Melody se sentó en el sofá abrazando sus rodillas y colocando su cabeza sobre éstas.


-Bueno Ok, eso está más pasable. ¿Que tal el concierto de Muse en Madrid este año? -Vicente buscaba un CD en particular mientras sonreía y bebía un sorbo de su café -Al menos de consuelo dime que lo viste online.


Melody se apretó el labio inferior.


-¿¿¡No lo hiciste! ?? -Vicente abrió los ojos como platos, como si supiera el gesto que Melody hizo.


-Obvio que si ! pero no sabes las ganas que quise de estar ahí, viendolos tocar... sobre todo "Feeling Good".


-Esa es mi canción favorita... -Vicente y Melody sonrieron a la vez. Vicente se sentó en un largo sofá de descanso, bebió su café y enseguida se escuchó de fondo "Feeling Good".


-Gracias -Dijo Melody.


Vicente sólo sonrió satisfecho.


Así eran sus conversaciones. Riéndo, sonriéndo, susurrando e incluso cantando. Para ambos era algo agradable.

Al día siguiente quedaron para almorzar juntos. Vicente terminaría algo de trabajo por la mañana y Melody tenía que terminar de ampliar un estudio de arte. En ese tiempo, Melody le ayudaba a un famoso pintor francés que estuvo varios meses en Estados Unidos, él le decía "Mes boucles" , que en francés significaba "Mi rizos", Melody se sonrojaba ante esto, aquel pintor no era viejo, en absoluto, era jóven y alto de piel pálida, un cabello corto y rubio y unos ojos verdes profundos. 


Como todos los días, el pintor la invitaba a un café por la mañana, él creía que Melody tenía el potencial increible para negociar, tenía, según el, "una capacidad infinita de persuadir a los clientes". El negocio de pinturas creció en un alto porcentaje gracias a Melody y por eso el pintor nunca cambió de asistente. Nadie le llamaba por su verdadero nombre "Jean Noedrow" todos en realidad, le llamaban "El pintor ".


Él no estaba enamorado de Melody, en absoluto, siempre la miró como una hermana y de una forma muy cariñosa hacia ella. Melody le tenía mucho afecto. Él la salvó de que tuviera que seguir viviendo con su padre y luego de aquello, Melody se fue a vivir un tiempo con el pintor. Tenían ambos una vida ligera, como todo pintor, eran algo irresponsables, salían a embriagarse juntos, e ivan a todos lados juntos. El pintor muchas veces pintó a Melody, dibujaba retratos de ella, siempre con sus rizos pequeños y delgados, la pintaba sonriendo y incluso una vez la pintó desde los hombros hasta la cintura desnuda. Increíblemente fue una de las pinturas que más vendió en el mes. No faltó que una vez en la calle una periodista le preguntara si ambos tenían algo. 


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Melody que sonrió ante pensar en aquella época, salió de la cama con mucho cuidado de no despertar a Vicente que siguió durmiendo plácidamente, se colocó una bata y salió de la habitación para dirigirse a la cocina para beber agua.

Estaba absorta recordando muchísimas cosas a la vez, cuando conoció a Vicente, lo que la llevó a casarse con él, su vida loca que tuvo al lado del pintor, Liam, y a su madre.


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Melody volvió a ver a su madre unos cinco años después de que se fuera de la casa de su padre. Melody había olvidado completamente que su madre era una fanática de las pinturas caras  y que más de una vez le había pedido a su padre, en el tiempo que estaban juntos, que le comprara algunas. Por supuesto, que no faltó que ella estuviera en una de las Muestras de el pintor. 

La primera vez que la vió, su madre estaba mirando una pintura de el retrato de la cara de Melody. Por supuesto que reconoció a su propia hija en aquella pintura. Melody notó unas visibles arrugas saliendo desde la comisura de sus ojos, su pelo un poco más claro de lo normal y una baja de estatura, quizás Melody notó aquello porque ya ella era mayor, y su madre además de estar más envejecida, mantenía siempre debajo de aquellas arrugas, el bello y tonificante rostro de siempre. Melody se le acercó a ella y su madre la abrazó. 

No hablaron mucho, sólo se fueron a tomar un café juntas. Melody no le contó nada de su padre y de su futuro matrimonio, sólo la escuchó a ella y se enteró de muchas cosas, tenía dos hijos más con un hombre que era apostador en las carreras de caballo y que por su culpa perdió la casa y el auto. Melody frunció el ceño ante "Deverías saber que tienes dos hermanos de 16 y 17 años". Por supuesto que Melody no dijo nada. Se despidieron y Melody le dijo con un falso "Nos veremos luego". No miró hacia atrás para ver por última vez a su madre.

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Melody regresó a la cama y le dio un beso en la mejilla a Vicente que seguía durmiendo.

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jueves, 29 de julio de 2010

"La nueva vida de Melody" Primer Capítulo.


Era increíblemente una idea estúpida sabiendo que tenía al hombre de sus sueños justo al lado de ella abrazándola mientras dormía y respirando lentamente en su cuello.

Era de noche, como las dos de la mañana y Melody no podía dormir, no porque no tuviera sueño, sino porque había tenido un sueño que la hizo revivir los últimos momentos con Liam, el funeral de Isabel y la última mirada de amor que vio en los ojos grises de Liam. 

Melody, era bella y feliz, vivía con el hombre que amaba, tenía un trabajo perfecto y la casa perfecta en el lugar perfecto. No tenía la vida que la mayoría de las mujeres tenían, Melody trabajaba con un horario muy bien acómodado ya que ella era la propia dueña de su Café Literario que Vicente, su esposo, le ayudó a construir en la calle principal de New York. El negocio y la visita de turistas y neoyorquinos fue increíble desde el primer día de inauguración. 


Vicente era un conocido escritor en las Américas y en toda Europa, se especializó de una manera muy exitosa en novelas de amor, misterio y tristeza. Tenía 26 años al igual que Melody y ésta lo conoció nada menos que en un lanzamiento de un libro, Melody llevaba en sus manos el libro y Vicente se encontraba dentro de una libreria firmando la primera hoja de los libros a sus fanáticos y fanáticas, al lado de unos cuantos guardias y de su agente, una mujer alta, rubia e increíblemente guapa que estaba enamorada de Vicente desde que él la contrató. Cuando Melody le entregó el libro, a Vicente le pareció notar en ella el fanatismo presente al mirarlo, cosa no muy vista en lectores. Vicente pensó que ese tipo de fanatismo se veía sólo en fanáticas de músicos y no en escritores, como él.


Vicente no dejó de pensar en Melody desde que le preguntó su nombre para anotarlo en el libro, "Melody", pensaba él, en su apartamento en New York, Manhattan. Sinceramente no dejaba de pensar en Melody, en su pelo castaño levemente ondulado y con las puntas cayéndole por sus hombros y espalda. Sus ojos castaños, sus labios rosados y pequeños, sus mejillas sonrosadas y su gráciles movimientos que Vicente pudo notar. Era escritor, era normal ver todo ese tipo de detalles en Melody. 

Los siguientes días, Vicente visitaba la librería con más ganas para verla y hablarle, quería entablar una casual conversación y poder ver a Melody una vez más con ese rubor en las mejillas que le llamaba tanto la atención. Pero Melody no apareció más, tampoco la vio más. Vicente estaba triste, incluso habían noches en las que quiso llorar y mañanas en las que no quiso despertar. Era extraño el hecho de querer ver a alguien que ni siquiera conoces. Su agente, la rubia, le decía que era un estúpido enamoramiento y se dignaba a ocultar a Vicente en su propio apartamento lejos de cámaras y prensa. Fue entonces un día cuando la rubia tuvo que salir por unas reuniones y Vicente vio por televisión un anuncio que remataban todos los libros de una antigua libreria en Brooklyn y decidió saltarse de su vida ajustada para ser un escritor normal que camina por las calles. Quería tratar olvidarse de la mujer de cabellos castaños que dominaba sus sueños por las noches y tomó su chaqueta, sus gafas y salió en busca de libros.


El día estaba soleado, pero había frío que calaba los huesos. Lo bueno fue que cuando Vicente entró en la libreria, nadie giró la cabeza para mirarlo y perseguirlo por un autógrafo, era solo un comprador más.


Se dirigió al sector de Poemas de Locura y Muerte y allí estaba Melody, paró en seco y tuvo que darse un tiempo para verificar si era verdaderamente ella. Melody estaba con su cabello castaño levemente desordenado y sus mejillas sonrosadas. Ese día llevaba una falda plizada amarilla que hacía tonificar sus largas y morenas piernas, llevaba unas botas azules y una chaqueta de mezclilla que le daba una impresión de un pequeño duendecillo. Vicente se rió ante este pensamiento.


Melody giró la cabeza hacia Vicente y ésta se sonrojó y bajó la mirada. Vicente carraspeó, se acercó a ella y todo cambió desde entonces.


Vicente nunca pensó en casarse tan joven, en realidad nunca pensó hacerlo. Pero, al ver a Melody muchísimas cosas en su forma de ser cambiaron, habían cosas que él nunca había hecho y que Melody le enseñó luego de conocerse.

Vicente le propuso matrimonio en un día muy inusual. Estaba lloviendo y ambos se encontraron en el Tren, se sonrieron de una manera casual y a la vez falsa, que tapaba el hecho de haberse estado llamando todos los días por las noches para comentar el día de ambos. Vicente notó que Melody tenía el pelo completamente cubrido de llovizna, estaba más pálida y sus mejillas muy rosadas. Tenía la respiración agitada ya que corrió antes de que le cerraran las puertas del Tren, se había despertado tarde aquella mañana y ni siquiera había tomado desayuno. 


-Melody, cásate conmigo por favor -Vicente habló bien en alto como para que la gente a su alrededor girara levemente la cabeza.


Melody no lo miró, ni siquiera por estar a su lado. Sólo miró el reflejo de ellos en la ventanilla frente a ellos.


-Si.


Vicente se sintió, lo suficientemente enamorado como para ser feliz.

jueves, 1 de julio de 2010

Al final del Esplendor. 3° Capitulo


Algunos decian que escuchar el sonido del colibri era señal de una larga y próspera vida. Yo también creí eso, me aferré a esa maravillosa idea.







La isla contenía una gran cantidad de áreas verdes, una gran variedad en flores silvestres y cultivos de distintos tubérculos. Aveces si tenías suerte podías ver el amanecer en una de las montañas más altas de la isla, la llamaban "El despertar", ya que los habitantes creían de que cada amanecer te mostraba el inicio de un nuevo día, de una nueva era. Los parques allí eran más verdosos cada día, se plantaban nuevas semillas en invierno y en la primavera se podía apreciar el centenar de rosas, claveles y tulipanes. El parque más conocido y visitado era "El camarón", personalmente nunca entendí el porqué del nombre pero una vez de vuelta en la ciudad me di cuenta mirando un mapa de un folleto de la isla, que el parque tenía forma de un camarón.



Nos alojamos en un hotel llamado "Sol lluvioso". Era simple y bonito. La primera noche recuerdo haber visto antes de cerrar los ojos, el colibrí que vi en alta mar. Los amaneceres eran muy especiales, ese dia me desperté justo al momento de verlo. Pude darme por convencido, de que el hotel se encontraba justo en el medio de la costa norte de la isla. Luego del maravilloso espectáculo de bienvenida por el amanecer, divisé bajar de la montaña "El Despertar", que varias personas bajaban alegres luego de ver el amanecer, algunos venían con cestas de pic-nics, otros con juegos de mesa, y algunos bajaban en autos por el angosto camino de tierra.


Bajé a tomar desayuno al restaurante "El mañanero". Era un restaurante ubicado un poco más cerca de la costa la cual podías ver claramente sentado en las mesas ubicados en los ventanales. Las mesas eran de un café luminoso adornadas de un pequeño mantel azul, y un pequeño arreglo florar de flores silvestres azules sobre el. Había alrededor de unas quince personas, yo me senté en una mesa al lado de un ventanal. Por lo visto el diario era gratis allí porque una mesera se me acercó con una bandeja plateada a dejarme un diario, una sonrisa y unos ojos grises que jamás olvidaré.

lunes, 21 de junio de 2010

Al final del Esplendor. 2° Capitulo.


Los siguientes tres dias del largo viaje a una isla no descubierta por los afuerinos, fue agotadora y ahorradora de un horrible cansancio. Aunque los paisajes y el oceano hacian que todo se vaya olvidando de a poco, incluso, las penas y los recuerdos quedaban atras en el momento en que el barco atravesaba el pleno Pacifico. Poco a poco me estaba olvidando de quien era, me estaba preparando para una nueva vida.




Hicimos una parada en Puerto Varas para recoger a cinco personas mas, que conformaban una familia de tres niños pequeños y ambos padres. Eramos quince personas. Ademas de aquella familia eran unas parejas de ancianos, mas familias, y yo, un completo desconocido para todos los demas tripulantes del barco.



Llegamos a un ultimo puerto unos 45 minutos mas tarde. Nos reunieron a todos en la cubierta y nos hablo el Instructor en Jefe, Andres.



-Bueno, buenas... -miro su reloj rapidamente y prosiguio- tardes a todos. Desde ahora los dejo con un viejo amigo y base de vuestra magnifica estancia que viviran aqui, les presento a Aukailin-hizo un ademan a un caballero que se encontraba a su lado.



-Hola, buenas tardes -dijo luego de una pausa- Andres y yo estaremos presentes en su estadia durante los dos meses que se encontraran en la isla. Ya muchos saben, de acuerdo al folleto que se les entrego en cuanto se inscribieron en este viaje, que ayudamos a encontrarnos con la familia, con amigos, con la realidad y mucho mas importante, con nosotros mismos. En este viaje, aprenderan a ver las cosas con mas claridad, de otra forma o como ustedes lo interpreten. Pueden ver cosas que no les guste, pero veran que en lugares como este, cada uno es distinto por lo que es. Aqui no vendran a hoteles de lujo, ni a paseos de limusinas por las grandes calles de tiendas, aqui no hay grandes calles, ni lujosas tiendas. Aqui veran la realidad de las cosas y la humildad de las personas. Tenemos cariño, paz, tranquilidad y alegria por mostrarles.




El hombre llamado Aukailin, siguio alardeando un par de cosas sobre la isla. Pero yo no pude dejar de admirar lo joven que se veia, no tenia mas de treinta y tantos años, no mas que yo que tenia treinta y cinco. Era de cabello oscuro como el carbon pero de piel palida; tenia mediana estatura y una leve aparicion de una panza bultosa.



- Y bien, eso en resumen. De lo demas, ustedes lo veran - Luego de esto, la gente lo aplaudio. Pero antes de seguir hablando con el instructor Andres, hablo algo mas.



- Para explicarse como llegaremos a la isla, ya que esta en pleno secreto por los habitantes y aunque no lo crean. Solo la pueden encontrar las personas con buenas intenciones y los que puedan ver el esplendor de luz en el horizonte cuando canta el colibri del corazon.



Toda la gente se quedo con un signo de interrogacion en los rostros, los niños mas pequeños miraron a sus padres con el entrecejo fruncido, pero Andres, el instructor, mostro una leve sonrisa al horizonte como se recordara algo.



-Bien gente de Chile, diriganse todos a la popa del barco y miren al horizonte, en cualquier momento, lo veran. Y el que no lo ve -dijo mirando a los niños mas pequeños- Solo bastara con escuchar el sonido del colibri en sus corazones.


Dicho esto, todos incluido yo, nos dirigimos a la popa del barco y esperamos espectantes a algo que incluso no creiamos cierto, pero que creimos, luego de ver lo asombroso ante nuestros ojos. El esplendor de luz blanca levemente amarilla, ilumino tenuemente las pupilas de los tripulantes y un colibri se escucho a lo lejos.



-Lo veo, lo veo !, es el colibri mami mira ! -Gritaba una pequeña niña que comia un LolyPop. La madre, no dejaba de mirar alegremente el destello y una sonrisa se marco en el rostro.



Todos los rostros se giraron y enmarcaron una sonrisa de alegria, otros de espectacion y de miedo, al ver que por proa, se veia la isla. La isla existia y yo no podia creerlo, estabamos frente a una maravilla.

martes, 15 de junio de 2010

"Al final del Esplendor" Primer Capítulo.


Tuve un sueño muy extraño justo la noche antes de venirme al encuentro que mi dulce madre y mi amigo Isaac me había recomendado para curarme. El sueño trataba de que me encontraba en un jardín, cortando flores amarillas. El sol iluminaba todo tenuemente y yo me dirigía con las flores en mano, hacia una playa, y además hacia una mujer que se encontraba sentada en la arena, no le veía el rostro pero podía adivinar que se encontraba mirando hacia el mar. Yo me detuve a su lado y pude apreciar unos ojos grises y una mano hacia mi. Quería que le diera las flores, y se las di. 



Al día siguiente, el encuentro me esperaba en la Costanera Arturo Prat. Yo vivía en Valdivia, Chile, desde ese entonces. No quise despedirme de mi madre en persona, como siempre tenía miedo y pena de abrazarla. Pero ella igual estuvo allí junto con Isaac.



El encuentro, se encontraban 10 personas incluído yo. Estaban todos arriba del barco y yo me despedí rápidamente de mi madre y de Isaac y subí al barco. Desde que partió no le despegué los ojos a mi madre, se veía con la cara triste, pero los ojos alegres y expectantes. Ella siempre me había dicho de que cuando me sintiera solo y triste, me aferrara a lo que más amaba y quería. Entré al pequeño bar que el barco ofrecía una vez que haya perdido de vista a mi madre y a Isaac. Y recordé la última vez que había sido feliz en mi vida. 


Me veía tomado de la mano con una chica que había conocido por web. Ella me sonreía y yo a ella. No recuerdo el lugar exacto en donde estábamos pero nosotros sólo caminábamos y conversábamos... Luego la besé.


Me dio tristeza recordar aquello. Siempre tomé su cariño a la ligera, y nunca la supe apreciar como ella quería. Me herí en mi fuero interno. 


Pero yo estaba dispuesto a una nueva vida. Quería empezar de nuevo, volver a ser el Donncha que alguna vez ella quiso. Ya en la noche, me fui a dormir a una pequeña recámara individual. La cama era grande, había un pequeño balcón y una mesita de noche. Me metí rápidamente en la cama, y volví a soñar con la mujer a la que le entregaba flores amarillas.


Este primer capítulo, se lo dedico a Vicente, un gran amigo que dejó de ser. Te Quiero.

domingo, 6 de junio de 2010

"Al final del Esplendor"


Donncha era un completo extraño en busca de una vida, en busca de alguna historia que contar en sus desgastadas páginas de su memoria. Qué mejor lugar para inspirarse que "Al final del Esplendor" donde llega la gente sin vida, sin ánimos de vivir y sale de aquella isla lista para vivir de nuevo. Pero lo que no sabe, es que en esa isla se encuentran los secretos de la vida, del amor, del universo y sobre todo, de nosotros mismos.

Modrý, era una mesera de un antiguo y restaurante de la isla, que ayuda a Donncha a que descubra por él mismo los secretos. A medida que van en la Isla, Donncha queda maravillado de cada rincón se que esconde en aquella isla, de la gente, de los secretos, de las historias y leyendas. 


Esta isla queda en un rincón del largo brazo de Chile, al fin del mundo; No tiene nombre, pero sus habitantes y turistas la llaman "El Esplendor". 


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